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Elimina el sudor y el polvo de tu piel a diario con duchas cortas, jabón suave y temperatura templada. El contacto prolongado con el agua y con altas temperaturas reseca el cutis.
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Frota las zonas más secas como talones o codos con esponjas con efecto peeling o con piedra pómez pulimentada. Después aplica pomada grasa.
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Date una loción hidratante en toda tu piel. Si es seca, utiliza un bálsamo.
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Si quieres tener un tono moreno sin dañar tu piel, aplícate un autobronceador cada tres días. Extiéndelo bien y no te olvides de exfoliar previamente.
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Cuando vayas a playas y piscinas extrema las precauciones con tus pies: anda descalza lo menos posible, y sécate muy bien entre los dedos. La humedad y maceración favorecen las infecciones.
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Lleva las uñas cortas y rectas. Los ángulos redondeados se curvan e infectan con mayor facilidad.
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Aclara tu pelo siempre que salgas del mar o la piscina. La sal y el cloro pueden dañarlo.
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El acondicionador del cabello es tu aliado para evitar la sequedad y la rotura de las puntas. Puedes usarlo directamente, aunque no hayas utilizado antes un champú.
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La hidratación de tu cara y cuello debe ser diaria incluso con piel grasa. Repite la aplicación a lo largo del día si notas la piel tirante.
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Bebe agua suficiente y protégete del sol y el viento. Los agentes externos son los principales enemigos de la piel, también en verano